Escuelas Interculturales
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b. La Educación Intercultural es un proyecto comunitario

Por Xavier Besalú

Los objetivos que fija nuestro sistema educativo son de tal envergadura y tan sumamente ambiciosos que difícilmente se pueden lograr sin la complicidad y la continuidad del entorno comunitario.

En nuestro caso, esta continuidad educativa se concreta en cuatro planos: las familias, el tejido asociativo, las instituciones y agencias intencionalmente formativas y culturales, y el propio barrio, pueblo o ciudad.

La convergencia de la socialización primaria o familiar con la secundaria o escolar es un propósito más que razonable en la medida en que una y otra actúan sobre el mismo individuo y en tanto que hogar y escuela son los dos espacios cuantitativamente más significativos para el alumnado.

Dicha convergencia sólo es posible desde la confianza y el diálogo, desde la certeza de que familia y escuela tienen intereses comunes y laboran, con medios y formas distintas, para el desarrollo armónico y para el bienestar del hijo/a-alumno/a. Esta confianza requiere voluntad, tiempo y estructura.

Las familias saben muy poco de la vida de los centros educativos, difícilmente conocen los porqués de las decisiones que allí se toman, y esas insuficiencias sólo son subsanables si los centros están dispuestos a suministrar dicha información, a exponer las razones de sus actuaciones y a aceptar democráticamente los interrogantes, las dudas y las críticas de padres, madres y tutores.

La participación de las familias en la educación escolar no debe darse por descontada y natural, sino que debe alimentarse desde los propios centros y debe afectar no sólo a aspectos estrictamente individuales o periféricos, de forma que su utilidad y su importancia se hagan evidentes; de lo contrario no deberíamos extrañarnos de su debilidad, sobre todo en las familias más alejadas (por condición socioeconómica o académica) de la cultura escolar.

El tiempo no escolar (fines de semana y vacaciones incluidas) puede ser también tiempo educativo (como así ocurre, en general, para el alumnado de clases altas y medias o para el perteneciente a familias preocupadas por la formación de sus hijos) o tiempo perdido. Es en este segmento donde adquieren una gran importancia socializadora y formativa las asociaciones, entidades, clubes e instituciones deportivas, artísticas, cívicas, de tiempo libre, etc., y centros e instituciones como bibliotecas, museos, centros culturales, cines, teatros…

La utilización de esta oferta presenta, como mínimo, tres problemas: el de su existencia (en determinados entornos es prácticamente inexistente), el de su acceso (a menudo se trata de una oferta privada y, a veces, aunque sea pública, tiene también precios de mercado) y el de su valoración distinta por parte de las familias (mientras unas la consideran primordial, otras la juzgan perfectamente prescindible). Si la comunidad o las instituciones públicas se desentienden del tiempo no escolar, la brecha de la desigualdad posiblemente se agrande mientras la esencia de la interculturalidad, lo relacional, se desdibuje.

Finalmente, el propio entorno urbanístico, comercial, industrial, atmosférico y humano puede constituirse en un factor que incentive la cordialidad, la belleza, la participación, la tranquilidad y la seguridad… o todo lo contrario.

Los proyectos educativos de ciudad (o de barrio), en su caso, constituyen un complemento necesario para cualquier proyecto educativo que busque continuidad y eficacia.

Enlace : Accede al artículo completo: La escuela Intercultural

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