Escuelas Interculturales
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c. La Educación Intercultural es un proyecto de éxito escolar, personal y social

Por Xavier Besalú

El fracaso escolar es, por encima de todo, un fraude que contraviene el contrato implícito que firman las familias y las instituciones públicas (a través de los centros escolares), por el que éstas ofrecen un servicio universal que garantiza a todos la adquisición de los conocimientos y competencias básicas y necesarias para ser considerado un ciudadano plenamente preparado y autónomo, y demanda la incorporación obligatoria y sin requerimientos previos de toda la población entre los 6 (en la práctica, los 3) y los 16 años, que las familias asumen. Si la educación es un derecho, no es sólo que nadie debería verse privado de ella, sino que la selección, la clasificación, el suspenso, el fracaso, es una auténtica afrenta en la educación obligatoria y básica, pues justamente su razón de ser no es la de dejar las cosas como están sino la de corregir las desigualdades y déficit con que los alumnos acceden a las escuelas.

Esta debería ser la medida de la eficacia y la equidad de los centros educativos. Es evidente que un objetivo de tal calibre demanda recursos, ayudas, tiempos y dispositivos diferenciados, de forma que el más necesitado cuente con todo aquello que le asegure el poder vivir en condiciones de normalidad y de igualdad, tal y como ocurre, sin ir más lejos, en otro sistema público universal: la sanidad.

Casi nada es posible si uno no está a bien consigo mismo, si uno no tiene conciencia de su yo, de sus fortalezas y debilidades, de sus limitaciones y potencialidades.

Esta autoconciencia y esta autoestima no es un proceso estrictamente individual, sino que se desarrolla en contacto y en relación con los demás.

La imagen que tengo de mí se construye con los esbozos y retratos que los demás me transmiten de todas las maneras posibles: con palabras, con gestos, con miradas, con encuentros y desencuentros.

Nadie debería avergonzarse de sí mismo, ni de nada que para él sea especialmente valioso (su nombre, su forma de vestir, su religión, lo que come, su lengua, sus padres…); nadie debería verse agredido, vejado, insultado, rechazado o discriminado…

En esta conciencia positiva de sí mismo, en esa autoestima necesaria, el papel de los adultos –en este caso del profesorado- es especialmente importante y decisivo: no sólo por los mensajes que ellos mismos transmiten, sino por su intervención necesaria cuando las relaciones entre iguales son destructivas.

Y, si bien todo el mundo tiene derecho a sus espacios de soledad y de intimidad, nadie debería sentirse aislado, abandonado, marginado, justamente porque la interculturalidad se juega en el ámbito de las relaciones interpersonales y grupales.

Enlace : Accede al artículo completo: La escuela Intercultural

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