Escuelas Interculturales

4. La ética intercultural

Luís María Cifuentes

En los últimos veinte años la transformación de la sociedad española en sus pautas culturales, morales y religiosas ha sido espectacular, la inmigración de extranjeros ha aumentado considerablemente y el auge de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación está cambiando nuestra percepción de la realidad social y cultural. Baste pensar que la globalización nos permite hoy hablar de una “aldea global” en todos los ámbitos de la cultura, de la economía y de la política.

Todos estos fenómenos que ya tienen reflejo en las aulas de todos los países europeos nos obligan a analizar la importante función social del sistema educativo.

El hecho multicultural ha pasado en pocos años a ser uno de los grandes temas de debate intelectual en todos los países desarrollados.

La coexistencia de diferentes grupos culturales en los mismos barrios, en las mismas ciudades y en las mismas aulas ha sido algo común en los Estados Unidos desde sus mismos orígenes históricos y por eso siempre ha estado presente en su vida social y ha tenido eco en la vida académica. Sin embargo, el tema del multiculturalismo ha empezado a estar en la agenda política y cultural europea desde hace pocos años.

Las sociedades europeas, y la española en particular, saben que la convivencia entre diferentes grupos religiosos con pauta morales tan diferentes exige un tipo de escuela y de cultura que sepa afrontar ese nuevo reto.

¿Cómo construir una convivencia democrática, libre y pacífica, sin unos valores y normas de ética pública que sean conocidas y aceptadas por todos? ¿Cómo enfocar el tema de las diferencias culturales desde una perspectiva integradora y no de enfrentamiento?

No es fácil dar una respuesta única y definitiva a estas preguntas, porque la historia social y cultural de cada país tiene recorridos y problemas diferentes y porque ni el asimiliacionismo ni la integración forzosa son soluciones adecuadas.

El primer paso que se debe dar en este campo es el diálogo intercultural entre los diversos grupos morales y religiosos que conviven en la sociedad española; pero ese diálogo no se puede reducir únicamente al diálogo interreligioso, porque hay otras opciones morales tan legítimas como las de los grupos religiosos; por ejemplo, el humanismo ateo y el humanismo agnóstico y el laicismo. No me parece correcto que el pluralismo moral no incluya ese tipo de humanismos, porque son representativos de una forma de pensar que tiene también muchos seguidores.

Por esa razón, la ética cívica que se pretende construir por medio de la educación y de la que se habla en muchos foros en España tiene que ser laica e intercultural y no solamente, como pretenden algunos, interreligosa.

Los valores morales en los que se debe fundamentar la nueva ética cívica propia de las sociedades multiculturales no pueden basarse en una determinada religión por dos razones claras.

La primera es que toda religión es particular; es decir, es el código moral y cultural de un determinado grupo y está muy vinculado a un determinado espacio geográfico y un concreto desarrollo histórico. Eso significa que la comunidad de creyentes de una determinada religión tiene una cohesión social basada en una fuerte identidad que en muchas ocasiones se opone a otros creyentes y trata de convertirlos a su fe. Creo que las grandes religiones del Libro que son monoteístas tienen una tendencia al monopolio de la verdad y del bien que no encaja fácilmente con la aceptación del pluralismo moral y religioso que exige la vida democrática. El particularismo y la exclusión de los diferentes son parte consustancial de la historia de las comunidades de fe, sobre todo de las grandes religiones monoteístas.

En segundo lugar, la esencia filosófica propia de las religiones es la fe, la creencia en una serie de valores espirituales que están por encima de la racionalidad humana y que se apoyan en la creencia en dogmas indiscutibles e indemostrables. Eso quiere decir que los valores morales que defiende para sus fieles y para los demás no están tampoco sometidos a la crítica y al debate racional. Por lo tanto, la mayoría de las religiones tienen en su propia naturaleza la necesidad de imponer a los demás su propio código moral y de conducta, pues cada una se cree en posesión del bien moral. La historia nos muestra que el fanatismo, la violencia y las guerras han tenido en muchas ocasiones su origen en las religiones, aunque también respondiesen a intereses económicos y políticos. La identidad religiosa y su estrecha vinculación con la identidad moral, social y política en muchas comunidades sigue siendo causa de enfrentamiento hoy en día en numerosos lugares del mundo. Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y el 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron la más cruel expresión del fanatismo de origen religioso, en este caso de grupos islamistas.

Los sistemas educativos tienen el deber de informar sobre la historia de las religiones y de dar a conocer sus tradiciones, pero sobre todo deben educar en la prevención del fanatismo, de la intolerancia y de la violencia. Las religiones también tienen elementos axiológicos positivos que pueden y deber ser preservados en nombre de un humanismo abierto a todos los valores, pero no se puede olvidar que actualmente son los derechos humanos el único código ético universalizable capaz de permitir una convivencia entre todas las culturas y religiones.

Los sistemas educativos europeos y, por lo tanto, también el español, están siendo sometidos a una continua reconversión para adaptarse a las nuevas necesidades sociales y económicas que lleva consigo la transformación de la sociedad neocapitalista actual.

La convivencia en una sociedad multicultural exige que los niños y jóvenes aprendan a ser racionales, críticos, solidarios y justos. En un ambiente de creciente pluralismo moral y religioso no es posible ya educar en España como en las épocas del nacional-catolicismo, sino que es necesario dotar al alumnado de los instrumentos intelectuales y actitudinales para que aprendan, en el marco de los derechos humanos, a ser demócratas y a convivir con los diferentes.

Durante muchos años se ha dicho que la escuela está al servicio de la sociedad y que debe formar ciudadanos para la integración en esa sociedad; sin embargo, también debemos preguntarnos si la sociedad no debería estar también al servicio de la escuela y preocuparse realmente de la educación atendiendo a sus necesidades, sobre todo las de la escuela pública que es la única que puede ofrecer la igualdad de oportunidades para todos. Las sociedades democráticas tienen que considerar el sistema educativo como un laboratorio de prácticas democráticas en el que no solamente se hable de democracia sino que se ejerciten realmente los valores y las actitudes democráticas en todos los estamentos del sistema educativo (profesores, alumnos y padres).

La escuela debe estar abierta a la sociedad y formar parte de un determinado contexto social y comunitario. La educación para la ciudadanía no puede quedarse reducida al ámbito académico sino que tiene que salir de las aulas para convertirse en una ciudadanía activa, en una ciudadanía capaz de involucrarse en la vida de la comunidad local y en los problemas nacionales e internacionales.

Para terminar este artículo me gustaría aportar una reflexión que vincula la Educación para la Ciudadanía con el nuevo tipo de sociedad multicultural en el que ya vivimos. Me refiero a que el tipo de centros educativos que hemos heredado del pasado no es quizás el más apropiado para la sociedad actual.

El modelo de centros escolares hasta ahora vigente estaba constreñido por unos tiempos y unos espacios escolares bastante rígidos e inflexibles marcados por las exigencias de los currículos y las cuestiones académicas. El profesorado durante muchos años ha tenido ante todo una función docente y ha desarrollado esencialmente tareas académicas como profesor. Sin embargo, en los últimos años se viene hablando con razón de la necesidad de que los profesores y profesoras se sientan y actúen también como educadores y educadoras, sobre todo en Secundaria y Bachillerato.

Los cambios económicos, sociales y culturales de la sociedad española exigen que la función social de la escuela sea enfocada desde otras perspectivas. El modelo familiar ha cambiado profundamente en España y las condiciones económicas y sociales de muchas familias han obligado a profundas transformaciones en el modo de vivir. Por eso los centros educativos se ven sometidos a nuevas demandas profesionales que antes no se le exigían al docente.

Si la escuela forma parte del tejido social en el que está inserta, entonces tiene la responsabilidad de formar ciudadanos con los valores cívicos y democráticos propios de nuestro tipo de sociedad. Educar en la escuela hoy en día no es solamente proporcionar los conocimientos necesarios al alumnado para que puedan ejercer en el futuro una determinada profesión, sino que implica también colaborar con las familias en la orientación del alumnado, participar en la vida del centro mediante actividades complementarias y extraescolares y formar en valores cívicos y democráticos que permitan a los jóvenes apreciar adecuadamente el profundo sentido ético de los valores democráticos y de las instituciones que representan a los ciudadanos.

La Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos no debe ser únicamente una asignatura teórica ni una cuestión meramente conceptual.

El objetivo de los centros educativos es ir formando a los niños y jóvenes en una ciudadanía activa en la que aprendan a participar en la vida del Centro y en actividades comunitarias insertas en la vida del barrio, de la ciudad o del pueblo. Aprender a ser demócrata es ante todo aprender a poner en práctica los valores y las reglas de la democracia con espíritu crítico, con racionalidad y con responsabilidad.

El código de una ética laica e intercultural es algo que se debe construir entre todos desde la escuela, pero no solamente con palabras sino sobre todo con hechos.

Enlace : Capítulo 4 del texto: Fundamentos filosóficos de le educación cívica intercultural

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