Escuelas Interculturales

8. Plan de convivencia

El principal objetivo del Plan de Convivencia es construir una cultura de centro y lograr un clima participativo y democrático.

Persigue la integración de todo el alumnado sin discriminación por origen, sexo, edad, etc.; la mejora de las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa; el fomento de hábitos de convivencia; la implicación de las familias; y el afrontamiento de los conflictos de forma constructiva.

Las normas de convivencia deben inspirarse en los valores que la comunidad educativa -en el marco de la legalidad vigente- considera fundamentales para la educación y para la convivencia.

Recogidas en el Reglamento de Régimen Interior permiten crear oportunidades para respetar la diversidad; impulsar la autonomía moral, la participación democrática y la educación ciudadana.

La posibilidad de participación en el establecimiento de tales normas es la mejor garantía para que se respeten, al mismo tiempo que constituyen una herramienta de formación para la ciudadanía democrática.

El desarrollo de la acción tutorial

Tanto del grupo general como del seguimiento del proceso global de cada alumno y alumna, el reconocimiento de éste como persona que tiene su propia representación de la situación de aprendizaje, constituye otra estrategia ineludible para la integración.. Además de acciones para crear un grupo cohesionado y participativo, están las orientadas a cada alumno o alumna en función de su situación respecto a sí mismo y al resto del grupo.

Señalaremos algunas de las necesidades más frecuentes:

La resolución de conflictos: mediación escolar

Uno de los aspectos cruciales de la convivencia es la gestión constructiva de los conflictos.

Éstos forman parte de los procesos de interacción social y son inherentes a la vida de las organizaciones. Un modelo educativo que ignora o reprime la potencialidad constructiva del conflicto es incompatible con la diversidad, ya que estimula el inmovilismo, la homogeneidad, la conformidad como norma, la ocultación de la divergencia.

Ante un conflicto se puede responder de manera destructiva mediante la violencia cuyo resultado es la ruptura, la negativa a superar el conflicto; o de manera constructiva, controlando las emociones, analizando la situación y buscando alternativas para alcanzar la paz.

Su prevención consiste, no tanto en evitarlos, como en desarrollar la capacidad de afrontarlos. El desarrollo de programas de resolución de conflictos en la educación contribuye a la mejora del clima de los centros, haciéndolos más democráticos y participativos, favoreciendo la comunicación interpersonal e intercultural.

Implica acciones dirigidas tanto a la estructura del centro (como la inspiración del PEC en la filosofía de la paz y el respeto a la diversidad; el establecimiento de una política escolar participativa; la creación de un clima seguro afectivamente; etc.), como hacia el alumnado (el aprendizaje de habilidades de resolución de conflictos; el desarrollo de la autonomía moral y el desarrollo emocional; la eliminación de prejuicios y estereotipos; la empatía y la adopción de perspectivas distintas a la propia; la escucha activa; la comprensión; la negociación; etc.).

Una herramienta que está demostrando su eficacia y potencialidad formativa es la utilización de alumnos como mediadores, individualmente o integrando comisiones, debidamente formados para esa función, cuyo objetivo es ayudar a dos o más estudiantes o grupos en conflicto a buscar una solución.

Desarrollar la figura del tutor-compañero.

Esta estrategia cuenta con una larga trayectoria avalada por numerosos estudios que dan cuenta de las ventajas de asignar a un alumno, a una alumna, el papel de guía, acompañante o mentor de un compañero. Aporta ventajas cognitivas, afectivas y sociales, tanto para el alumno tutelado, como para el tutor, porque desarrolla habilidades prosociales, mejora su sentimiento de competencia, su autoestima y aumenta su motivación por el conocimiento.

Es necesario orientar al compañero-tutor para esta función, dándole unas pautas de actuación. Igualmente es aconsejable que todos tengan la oportunidad de desempeñar este papel.

Es un recurso fundamental para ayudar al alumnado alófono, asignándoles un tutor-compañero de su misma lengua familiar que domine la mayoritaria.

Para tener buenos resultados es muy importante planificar las actuaciones del compañero-tutor, teniendo en cuenta aspectos como:

. estructurar las actividades que requieran contextos interactivos,ç

. seleccionar a los alumnos-tutores en función del tipo de objetivo que perseguimos (aprendizaje general, socialización, aprendizaje lingüístico, etc.);

. ofrecer a todo el alumnado la oportunidad de ser tutor y tutorado;

. dar instrucciones claras a los compañeros-tutores sobre su papel en las interacciones con sus compañeros tutelados.

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